México colonial: un viaje inolvidable por la historia

Viajar a México colonial es una manera de descubrir la historia del continente americano. Más allá de las playas del Caribe y las ruinas mayas del sur, este viaje te habla de un encuentro multicultural, violento y problemático, pero que ha sido clave en la conformación de lo que es México hoy día.

Desde la impresionante capital, México DF, una de las ciudades más pobladas del planeta y heredera directa de la antigua capital azteca, a pequeñas ciudades con encanto como Morelia o Guanajuato, el México colonial es más que una sucesión de edificios históricos y monumentos.

Es también el lugar donde se asienta la identidad cultural actual del país, donde los pueblos indígenas y los europeos crearon una nueva cultura conjunta, que los viajeros podemos ver y disfrutar en el viaje.

En este artículo, vamos a hablarte de las paradas más interesantes en un viaje por México colonial.

¿Qué ver en un viaje al México colonial?

Pirámides del DF

El México colonial es uno de los viajes más impresionantes que podemos ver en Latinoamérica. En este viaje se combinan grandes metrópolis como México DF o Guadalajara, a pequeñas localidades como Pátzcuaro o San Miguel de Allende.

Se trata de un recorrido por la historia de América Latina y de su conexión con España, que podemos terminar si queremos con unos días de playa.

México DF

Catedral de México

México DF es una ciudad vibrante, en la que podemos pasar tanto tiempo como queramos. La capital de México, con sus 22 millones de habitantes, puede parecer inmensa y caótica, pero también es auténtica y acogedora.

La plaza del Zócalo, Patrimonio de la Humanidad, es el centro neurálgico de la ciudad. Aquí podemos encontrar los principales atractivos de la ciudad. Desde el Palacio Nacional y los murales de Diego Rivera, a la Catedral Metropolitana cristiana y el Templo Mayor, donde se conservan las ruinas aztecas de uno de los principales templos de Teotihuacán. En un mismo lugar, podemos ver el México prehispánico, el colonial y el actual.

También es muy interesante recorrer el bosque de Chapultepec, el pulmón verde de la ciudad, y llegar hasta el Museo Nacional de Antropología, que cuenta con la mayor colección de arte prehispánico del mundo.

Pasear por los barrios de Coyoacán y San Miguel para conocer mejor la parte histórica de la ciudad, ver el Palacio de Bellas Artes o la Alameda Central son otros de sus muchos imprescindibles. La verdad es que está ciudad tiene, como pasa en otras grandes ciudades como Nueva York, Tokio, Londres o Estambul, tanto tiempo como le queramos dedicar.

En las proximidades del DF también podemos hacer dos de las excursiones en México más interesantes. Por un lado, las impresionantes pirámides de Teotihuacán, por otro recorrer en una de sus coloridas barcas los canales de Xochimilco, ambos Patrimonio de la Humanidad.

Santiago de Querétaro

Iglesia de Querétaro

La siguiente parada en nuestra ruta por el México colonial es Santiago de Querétaro. En realidad, se le suele conocer únicamente como Querétaro. Esta ciudad es, además, la más segura de todo México.

Aquí se viene para ver su centro histórico, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Dentro de este lugar, lo más recomendable es ir callejeando y descubriendo sus diferentes rincones.

No te puedes ir sin descubrir su impresionante Plaza de Armas, el Teatro de la República, la Casa de Ecala o la Catedral de la ciudad. También es muy interesante el Palacio de Gobierno, el lugar donde se comenzó a fraguar la independencia mexicana.

El acueducto de Querétaro de 1726 es también bastante impresionante, especialmente si lo vemos en toda su extensión desde el cerro de los Arcos. Otro cerro imprescindible es el Cerro de las Campanas, un lugar histórico desde donde se tiene la mejor panorámica de la ciudad.

En Querétaro hay, además, muchos museos muy interesantes. Si solo podemos visitar un par, destacaríamos el Museo de Arte de Querétaro, situado dentro de un edificio histórico espectacular, o el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro, que ofrece otra perspectiva más actual sobre el arte mexicano. Este último, además, está situado junto al Mirador de los Arcos.

San Miguel de Allende

San Miguel de Allende

Tras ciudades con millones de habitantes como la capital o Querétaro, llegar a San Miguel de Allende, que no llega a los cien mil habitantes, se siente como un soplo de aire fresco. La tranquilidad se abre paso frente al caos de las capitales.

Si nos interesan las fiestas y tradiciones de México, en San Miguel de Allende se cuenta con una de las Semanas Santas más famosas y pintorescas de Latinoamérica. También destaca la fiesta de San Miguel Arcángel, el 29 de septiembre.

Esta hermosa ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2008, junto al Santuario de Atotonilco, situado a 8 kilómetros de la ciudad. La razón: su crisol de influencias mutuas entre la cultura española, la criolla y la indígena.

Toda la ciudad es preciosa, aunque destaca el Jardín Allende, su plaza principal. Aquí, entre sus árboles de laurel y su quiosco de música, encontrarás casas coloniales hermosísimas como el Palacio Municipal y la casa del Mayorazgo de la Canal. Destaca también la Parroquia de San Miguel Arcángel, con una fachada neogótica impresionante.

Otras iglesias increíbles del Barroco mexicano son el Templo de San Francisco, que mezcla el barroco con el churrigueresco y el rococó, el Templo del Oratorio de San Felipe Neri, Nuestra Señora de la Salud o el Templo de la Purísima Concepción.

Pasear por la Calle Cuna o visitar el Museo Casa Allende para conocer la vida del general Ignacio de Allende, héroe de la independencia mexicana, es imprescindible, así como ver la ciudad desde El Mirador.

Antes de irnos, nada como pasar por el Mercado de Artesanías y adquirir unos recuerdos.

Guanajuato

Vista de Guanajuato

Guanajuato, capital del estado del mismo nombre, es otra pequeña ciudad de algo más de setenta mil habitantes, también Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Tanto la ciudad, como las minas de oro y plata que hay a su alrededor y que fueron claves en el esplendor que tuvo la misma durante la época colonial.

Últimamente ha empezado a tener más turismo gracias a las llamadas momias de Guanajuato. Curiosamente, estas momias, que se pueden ver en un museo, son naturales. Es decir, nadie las ha momificado, sino que las condiciones ambientales de la zona han provocado de forma natural su momificación.

La ciudad en sí preciosa, lleno de rincones e iglesias barrocas. En ese sentido, destaca la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, en la plaza de la Paz, o el Templo de San Francisco.

En general, merece mucho la pena andar e ir descubriendo lugares. La universidad, el callejón del beso –donde dos balcones enfrentados están tan cerca que los habitantes de cada casa podrían darse un beso-, la plaza Allende, la plazuela de San Fernando, etc., son solo algunos rincones muy especiales que vas a poder ir descubriendo.

Así, podrás llegar hasta el majestuoso Teatro Juárez. Detrás de la fachada principal, hay un funicular con el que subir al Mirador del Pípila, que tiene las mejores vistas de la ciudad.

Si queremos ver un museo, el Museo Casa Diego Rivera, donde residió el pintor y con un centenar de obras suyas es imprescindible. Para las compras, nada como el Mercado Hidalgo, junto a la Plaza de los Ángeles.

Guadalajara

Guadalajara con palomas

Dejamos las ciudades pequeñas para ir a Guadalajara, otra joya del México colonial, pero también la tercera ciudad más poblada del país, tras México D.F. y Monterrey.

La llamada ciudad de los mariachis destaca por su Catedral, el centro del llamado cruce de plazas, con cuatro plazas imprescindibles alrededor incluyendo la icónica Plaza de Armas de la localidad.

Guadalajara cuenta con un edificio Patrimonio de la Humanidad. Se trata del Hospicio Cabañas, un edificio neoclásico que acogía una casa para niños huérfanos y que actualmente es un museo con pinturas del muralista José Clemente Orozco y obras de arte contemporáneo.

Otras paradas interesantes son el Palacio de Gobierno, el Palacio Municipal de Guadalajara, la Biblioteca Iberoamericana, la Plaza Tapatía o la Plaza de los Mariachis, entre otros. Como en México D.F., al ser una ciudad muy grande, hay bastantes opciones de cosas que ver y hacer.

En las cercanías, hay dos excursiones imprescindibles. Por un lado, Tequila, una pequeña población con encanto de donde proviene la famosa bebida. Por otro, Tlaquepaque famoso por sus cerámicas, su artesanía y mariachis. Además, si vamos en domingo, el Mercado de Artesanías de Tonalá es una buena parada.

Pátzcuaro

Pátzcuaro con su laguna

El llamado Pueblo Mágico de Pátzcuaro, de solo unos 60.000 habitantes, es otra parada fundamental en una ruta por el México colonial. Se trata de una localidad de casas blancas y callejones estrechos, que conserva el encanto de otros tiempos.

Destaca la Plaza Grande o Plaza Vasco de Quiroga, la mayor plaza colonial de toda Hispanoamérica. Aquí encontramos el Palacio Municipal y diferentes casas palacio coloniales como la Casa del Gigante, la Casa de los Escudos, el Palacio Huitzimengari o la mansión Iturbe, hoy reconvertida en hotel.

Entre sus templos destacan la basílica de Nuestra Señora de la Salud, el Santuario de Guadalupe, la Rectoría de San Francisco de Asís o el Templo el Sagrario, entre otros.

Callejeando entre sus edificios coloniales, llegarás a plazas increíbles como la Plaza de Gertrudis Bocanegra o Plaza Chica. Tampoco te puedes perder la Casa de los Once Patios, en lo que fue el antiguo convento de Santa Catalina de Siena.

Si estás haciendo una luna de miel en México, te recomendamos llegar hasta su embarcadero y navegar hasta la isla de Janitzio, en el lago Pátzcuaro, uno de los lugares más bonitos y románticos del país.

Morelia

Morelia

Para acabar por este intenso recorrido por el México colonial (salvo que quieras continuar con unos días de playa en Cancún o Rivera Maya) llega el momento de visitar Morelia.

Esta ciudad no es muy conocida fuera de México, a pesar de que su centro histórico es Patrimonio de la Humanidad desde 1991.

A Morelia se le llama la Ciudad Rosa, porque sus edificios más emblemáticos están construidos con una piedra de color rosáceo, proveniente de la zona. Destaca en ese sentido su imponente Catedral barroca, en la Plaza de Armas.

También impone el Palacio de la Justicia de Morelia, antiguamente casa de la Moneda y hoy Archivo y Museo. El Templo de San Francisco, con una fachada plateresca, nos lleva a los primeros años de la ciudad, en la también interesante Plaza de Valladolid.

El Palacio de Gobierno de Morelia, el Centro Cultural Clavijero -un antiguo monasterio reconvertido en museo-, el callejón del Romance, la fuente de las Tarascas o, si hablamos de iglesias, los templos de las Monjas y de Guadalupe son otros imprescindibles en la ciudad rosa.

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